...Y en el principio fue el carbón: 1825-2025, dos siglos de ferrocarril.

Antecedentes

A comienzos del siglo XIX se dieron cita en un rincón apartado del nordeste de Inglaterra un conjunto de circunstancias a las que se asocia, con muy solvente fundamento, nada menos que el nacimiento del ferrocarril como el modo de transporte que hoy conocemos. Personajes excepcionales; extensión del conocimiento científico; aplicación a artefactos innovadores; peculiaridades geológicas; precariedad en los transportes..., influyeron, cada uno en su ámbito, para que aquél tuviera lugar. Y, sobre todos ellos, uno decisivo: el carbón. Carbón secularmente abundante en la zona, cada vez más barato de extraer gracias a la rápida tecnificación de las explotaciones, y más caro de transportar a través de los medios poco capaces del momento, en un contexto de demanda de rápido crecimiento impulsada por el inagotable apetito de una bullente Revolución Industrial. 

Cuencas carboníferas históricas de Gran Bretaña (en el recuadro, región de Northumberland)
Fuente: Enciclopedia Británica

Algunos discuten aún el que si el ferrocarril no hubiese surgido allí lo hubiese hecho en algún otro sitio no mucho después, dada la supuesta 'madurez' de un concepto precariamente experimentado ya en muchos lugares. Puede que sí; o que no, quién sabe. Como ocurre con frecuencia en los análisis contrafactuales no siempre es fácil establecer el devenir de los escenarios alternativos. El hecho es que -yendo ya a los antecedentes- en la rica zona carbonera de Northumberland, al NE de Inglaterra, con constancia de explotación desde la época romana, a partir del siglo XVI se produjo una creciente demanda de combustible mineral asociada con el agotamiento de los bosques cercanos, que llevó a la sustitución de la madera por el carbón tanto en los usos domésticos como en los metalúrgicos. La explotación eficiente de las minas y el transporte de su producción se convirtieron, pues, en retos decisivos del proceso de progresiva industrialización de la sociedad llevado a cabo con especial rapidez conforme avanzaba el siglo XVIII.

Escenarios de la primitiva minería del carbón
Fuentes: D. Beckett. Stephenson's Britain.
The land of oak and iron heritage (https://loit.org.uk) 

Agotadas ya las cómodas vetas superficiales, a comienzos del siglo XIX el laboreo de filones menos accesibles -con frecuencia a profundidades superiores al centenar de metros- planteó, aparte el secular problema del transporte del mineral, el de la extracción del agua acumulada en galerías bajo el nivel freático. Esta incómoda circunstancia subrayó el protagonismo de uno de los artefactos clave de la Revolución Industrial, la máquina de vapor, que perfeccionada progresivamente -por, entre otros, Savery, Newcomen o, especialmente, Watt-, facilitó el desagüe a las profundidades cada vez mayores alcanzadas por las explotaciones mineras. 

La máquina de vapor, semoviente

El bajo rendimiento térmico de estas primitivas máquinas de vapor (del orden del 4,5% en el modelo Watt-Boulton de 1792), progresivamente implicadas en una mayor diversidad de accionamientos, no suponía, en el momento, un inconveniente radical dada la abundancia cercana de combustible barato. Tampoco lo suponía su baja relación potencia/peso, al tratarse de máquinas diseñadas para aplicación en instalaciones fijas. Por ello merece una consideración especial, quizás no suficientemente valorada en la historia del ferrocarril, la inusual combinación de habilidad y genial intuición de Richard Trevithick (1771-1833) al aventurarse en la aplicación del vapor a una presión relativamente alta (3 bar) que multiplicaba la de modelos previos. El uso de calderas más pequeñas y resistentes (gracias a los avances en el hierro forjado y técnicas de remachado) permitió aumentar decisivamente su potencia específica, invitando así a su montaje sobre ingenios móviles circulantes sobre camino de hierro. 

Entre otros, sus valiosos aunque fallidos ensayos  -por rotura del precario carril- en la ferrería Penydarren (1804, Gales del Sur), y sus tan encomiables como desatendidos intentos llevados a cabo con la legendaria locomotora Catch me who can expuesta a la experiencia pública en una pista circular (Euston Square, Londres. 1808), fueron recibidos con indiferencia por la sociedad del momento; ello llevó a Trevithick a aventurarse en negocios, que también devinieron fallidos, por Sudamérica. A su vuelta (1827), arruinado en caudales y fama, vivió sus últimos años con la amargura de comprobar cómo otros se habían beneficiado grandemente -y, sobre todo, gratis et amore- de sus aportaciones. En todo caso, la de Trevithick residirá, sin duda, como una de las más decisivas en la memoria del ferrocarril.

La exhibición pública (1808) de la locomotora pionera Catch me who can en una pista circular fue una muestra de la valiosa aportación de Trevithick a la historia del ferrocarril, quizás no suficientemente reconocida. A la derecha una entrada original al evento
Fuente: Enciclopedia Británica. Biografía Richard Trevithick


Así pues, el concepto de locomotora se consolida paulatinamente a partir del uso pionero de la máquina de vapor -fija- en la minería del carbón. El paso decisivo hacia el ferrocarril como modo de transporte se da al asociar aquélla con un camino de rodadura de suficiente competencia: la vía. Sus antecedentes enraízan, una vez más, con las necesidades de transporte de una minería primitiva que recurre secularmente al guiado de precarias vagonetas con el concurso de unos no menos precarios carriles de madera. A pesar de que la tracción procede del esfuerzo humano o animal aplicado en penosas condiciones de trabajo, tal sistema proporciona mejoras significativas en lo tocante a reducir la resistencia a la rodadura respecto a los irregulares firmes viarios del momento, así como también al mejorar la seguridad en la penosa circulación por los túneles mineros, estrechos y mal iluminados, evitando choques con los entibos y con ello el riesgo de peligrosos derrumbes.

Transporte

El transporte de carbón a larga distancia a comienzos del siglo XIX se encomienda por su parte, casi con exclusividad, al transporte fluvial y marítimo. Gran Bretaña, de un modo notablemente superior a otros países, en la fecunda estela del desarrollo práctico de la Hidraúlica y Mecánica de Fluidos a lo largo del siglo XVIII, desplegó una extensa red de canales, con una longitud superior a los 6.000 kms a comienzos del XIX. La cercanía al mar abierto o al recorrido de un canal suponía, pues, una decisiva ventaja competitiva para las explotaciones de carbón que contaban con ella. Las que se encontraban más alejadas dependían de onerosos recorridos en carros remolcados por bueyes o caballos entre la bocamina y los muelles de embarque que encarecían notablemente el producto, duplicando en términos medios su coste de extracción (s. XVII) al transportarlo en carro durante solo dos millas (3,2 kms.). 

La red de canales británica contaba a comienzos del s. XIX con un escaso desarrollo en la zona carbonífera de Northumberland (recuadro), lo que favoreció las oportunidades del ferrocarril
Fuente: https://oldsmaponline.org/en

La rica región carbonífera del río Tyne, en Northumberland, al NE de Inglaterra, había sido tradicionalmente la principal suministradora del carbón requerido por la capital londinense, haciendo del tráfico marítimo hacia el Támesis un boyante negocio. Newcastle, su capital, fue por ello reconocida (1529) como centro oficial de un comercio dominado en buena parte por los intereses de aristócratas y terratenientes locales. 

Antes de la llegada del ferrocarril, solo en las inmediaciones de Newcastle, la red de wagonways superaba ya los doscientos kilómetros.
                                                      Fuente: https://oldsite.loit.org.uk/coalmap/

Wagonways

El progresivo agotamiento de las vetas cercanas al Tyne impulsó en la región el desarrollo de las 'wagonways', antecedentes directos del camino de hierro; aunque existe constancia de su existencia desde comienzos del siglo XVII, en el XVIII alcanzaron un espectacular desarrollo, llegando a superar, solo en las inmediaciones de Newcastle, más de 200 kms. 

Wagonway, esquema estructural y vestigios arqueológicos
Fuente: Jesús Moreno. Prehistoria del ferrocarril Monografías FFE.
The wooden wagonways (https://pontvalleynet. weebly.com)

Estas 'wagonways', verdaderas vías para el guiado de carros, estaban constituidas básicamente por carriles de guiado en madera -roble, abedul, fresno, etc., inicialmente en forma de 'L' para vehículos con rueda sin pestañas- tendidos en vía única o doble y unidos por traviesas enterradas que permitían por encima el tránsito de las caballerías remolcando carros con cargas de carbón que a comienzos del siglo XIX se acercaban ya a las tres toneladas; su uso permitió extender la distancia de transporte a la que se duplicaba el coste de extracción del carbón hasta unos 16 kms, mejorando así notablemente la competitividad de muchas explotaciones. Sin embargo, al mismo tiempo, y en un contexto con alto potencial de lucrativos negocios, los propietarios de tierras atravesadas por las numerosas wagonways entre las bocaminas y el río mas cercano, intentaron aprovechar su oportunidad estableciendo onerosos peajes (wayleave) a la circulación de los carros.

El grabado ilustra la operativa propia de las wagonways. Los carros cargados circulaban a favor de la gravedad y bajo el control del freno por su conductor.
Fuente: Jesús Moreno. Prehistoria del ferrocarril Monografías FFE.

El carácter casi extorsivo de los peajes impuestos por algunos terratenientes -causa de numerosos conflictos-, y la ausencia de canales en la zona aledaña al río Tees, en el condado de Durham, animó  (1818), tras varios intentos previos, la propuesta de construcción de un canal que facilitara a los propietarios de minas alrededor de Darlington, la salida de sus producciones a través del mismo hacia el puerto de Stockton-on-Tees, abierto ya al mar del Norte en la desembocadura del río. Sin embargo, la dificultad técnica del pretendido canal -con 50 exclusas- y el alto coste asociado favorecieron la propuesta alternativa de un 'camino de hierro' (iron way) de menor coste y acceso abierto a todos los transportistas. El proyecto de ley que lo autorizaba fue aprobado al fin -superando no pocas objeciones de partes interesadas, entre ellas las de algún aristócrata recalcitrante que veía peligrar su irrestricto disfrute de la caza del zorro- el 19 de abril de 1821. 

Propuesta (comienzos del s. XIX)  del fallido canal  Stockton-Darlington-Winston, que, paradójicamente activó el apoyo al ferrocarril como alternativa
Fuente: https://www.antique-print-maps.com/acatalog/A-Plan-of-the-River-Tees...

Edward Pease, promotor

Para esa aprobación, y en definitiva para el éxito final del proyecto -y en suma del ferrocarril como medio de transporte-, fue decisivo el impulso promotor de Edward Pease, que puede considerarse como el verdadero padre del ferrocarril. Pease era un emprendedor cuáquero, perteneciente a una influyente familia de la zona, profundamente motivado por el interés social que para toda la comunidad tendría un ferrocarril que facilitara la competitividad del carbón producido en ella; su compromiso en lo que sin duda suponía una incierta aventura empresarial quedó indudablemente subrayado con los aproximadamente siete millones de libras (al cambio actual) que supuso su fundamental aportación financiera.

El lema escogido por Edward Pease para el ferrocarril Stockton-Darlington rememora la filosofía de Adam Smith, muy en boga en la época: el riesgo privado en favor de la utilidad pública. Curiosamente y en consonancia con el conservadurismo del promotor, el sello del ferrocarril refleja su tracción hipomóvil, y no la locomotriz.
Fuente: Stockton and Darlington Railway. Wikipedia.

George Stephenson, genial ejecutor

No menos decisiva fue la implicación en el proyecto de Stephenson padre, George. Analfabeto hasta los 18 años, pero voluntarioso en el aprendizaje y dotado de un talento excepcional para la ingeniería mecánica progresó rápidamente en el escalafón de responsabilidades técnicas relacionadas con el mantenimiento y operación de equipos para la minería -y especialmente máquinas de vapor- en varias explotaciones mineras. Su competencia técnica adquirió pronto notoriedad en la región, sobre todo tras haber diseñado y operado en ramales mineros primitivas locomotoras de desempeño aun precario  -entre ellas, The Blücher que funcionó brevemente (1814) en la mina Killingworth- y haberse manifestado como un decidido defensor de las posibilidades del ferrocarril. 

George Stephenson, modelo de superación, técnico excepcional y activo emprendedor para muchos, aunque también -para otros- controvertido oportunista al aprovecharse de logros de otros, fue en todo caso figura decisiva en la implantación de la tracción locomotriz en el f.c. Stockton-Darlington (1825)
Fuente: www.bankofengland.co.uk/-/media/boe/images/banknotes/withdrawn

No es extraño, pues, que su fama llegara a Pease, quien lo incorporó al proyecto del ferrocarril Stockton a Darlington (S&DR), primero en el afinado de su trazado -el propuesto por el topógrafo original, Overton, era demasiado sinuoso- y posteriormente en la elección de soluciones para infraestructura y vía a partir de su experiencia. En la intervención de Stephenson, que acortó al final el recorrido total hasta las 26,75 millas (42,8 kms, incluyendo ramales), reside asimismo la elección de un ancho de vía (4 pies, 8 pulgadas = 1.422 mm) que le era familiar por utilizarse en muchas minas de la región. Y, por descontado, la opción por la tracción mediante locomotoras. Pease era conservador por naturaleza y por ello, en línea con la tendencia mayoritaria dominante, inicialmente apostó por la tracción hipomóvil para el nuevo ferrocarril; no obstante, tras la modificación de trazado propuesta por Stephenson y convencido por éste del interés de la tracción por locomotoras, consiguió que el definitivo proyecto de ley que lo aprobaba (1824) diera entrada a su eventual uso, en una decisión, por cierto, de trascendencia histórica.

Trazado (sombreado) del ferrocarril Stockton-Darlington, posicionado en relación con el del canal propuesto, con referencia a las modificaciones introducidas por G. Stephenson y los planos inclinados existentes en su accidentado extremo noroeste.
Fuente: https://www.sdr1825.org.uk/history-of-the-sdr

Vicisitudes de un proyecto complejo


Tras cuatro años de laboriosos trabajos, en fin, el 27 de septiembre de 1825 fue inaugurado oficialmente un ferrocarril que se ha identificado, simplificadamente, como el de Stockton a Darlington, si bien su destino extremo eran las minas cercanas a Bishop Auckland, situadas a unos 20 kms al NO de Darlington. Lejos de considerarse como un evento de limitada repercusión, meramente local, la inauguración fue ampliamente divulgada en periódicos y revistas técnicas, incluso internacionales, reflejando con ello un amplio interés asociado con la indudable trascendencia que se percibía en él. El propio Stephenson, -que aparte excelente técnico y visionario emprendedor aprovechaba con éxito cualquier ocasión de protagonismo- condujo el abigarrado tren inaugural donde viajaban entre 450 y 550 viajeros, compuesto por 34 vagones (12 cargados con carbón), un precario coche de viajeros (Experiment) y remolcado por la legendaria Locomotion nº1, una locomotora todavía primitiva con un único tubo de humos, compleja transmisión por bielas y cilindros verticales, y una presión del vapor de sólo 3,5 kg/cm2.

Inauguración del ferrocarril Stockton-Darlington (Grabado)
Fuente: www.railwaymuseum.org.uk/objects-and-stories/leonard-raisbeck


El S&DR, en todo caso comenzó inicialmente a operar con  una combinación de tracción hipomóvil, locomotoras (6) e incluso por máquinas de vapor fijas (2) en los planos inclinados extremos de Etherley y Brusselton respectivamente, debido al duro perfil de un trazado que hacía desconfiar en ellos de la solvencia de las locomotoras. Y con razón:  porque, en efecto, el desempeño práctico de éstas, con una precaria fiabilidad, dejó mucho que desear durante los primeros años de explotación, en los que su coste se mantuvo casi un 25% superior al de la tracción por caballos. Asimismo la compleja operación de la línea para viajeros y mercancías -en vía única, con cuatro apartaderos de cruce por milla- y acceso libre por los operadores -previo pago de un canon de acceso-, devino muy complicada por la multitud de interferencias de tráfico que surgían y la falta de órganos reguladores. 

Foto de la locomotora pionera Locomotion (previamente denominada Active) cuando, retirada del servicio, fue expuesta como monumento conmemorativo en Darlington
Fuente: Museo Nacional Ferroviario, York. GB.


El espaldarazo definitivo

Como consecuencia, las acciones del ferrocarril perdieron entre 1825 y 1826 la mitad de su valor, poniendo en grave riesgo la viabilidad del proyecto. Fue necesaria la aplicación del genio de otro competente ingeniero ferroviario, Timothy Hackworth, -a quien Stephenson, involucrado en otros proyectos, delegó la dirección técnica del S&DR-, para construir una novedosa locomotora, la Royal George, que con su mejor rendimiento revirtió una situación que, sin duda, comprometía peligrosamente la confianza en el futuro de la tracción por locomotoras: a finales de 1827 su coste ya se situó en la mitad del de la tracción hipomóvil, manteniendo a partir de ahí una posición establemente ventajosa, de tal modo que a partir de 1834 facilitó el reconocimiento formal de la primacía de la locomotora de vapor.

La locomotora Royal George, pionera en el uso de tres ejes acoplados y una tubería de escape, diseñada por el tan discreto como competente ingeniero Timothy Hackworth, actuó como oportuno salvavidas (1827) ante la falta de fiabilidad de las primeras locomotoras suministradas por Stephenson para el S&DR.
Fuente: The Mechanic's Magazine, 1829, cit. en The British Railway Locomotive (1803-1853) HMSO

Progresivamente, el retorno de la inversión en el S&DR fue respondiendo a la confianza depositada inicialmente por los inversores; de un ya saneado dividendo del 5% al tercer año de sus operaciones, el 9,5% con que retribuía  a sus accionistas en 1850 se situaba en el máximo entre las compañías ferroviarias británicas de la época. Como efecto económico inmediato además, contribuyó a una importante reducción (casi el 50%) del costo de carbón en el muelle de Stockton, lo que mejoró radicalmente su competitividad al tiempo que trajo como valioso efecto colateral el próspero desarrollo de su hinterland, en un ejemplo pionero de cómo el ferrocarril podía servir de catalizador para el crecimiento económico y la expansión urbana. 

Para algunos historiadores este ferrocarril pionero sirvió de impulso decisivo al capitalismo industrial. La inversión privada, incluso en el caso de financieros conservadores como Edward Pease, demostró que los proyectos a gran escala podían generar altos rendimientos, impulsando un auge empresarial propio del capitalismo moderno. Al reducir el tiempo y el coste del transporte de carbón y mercancías, permitió a las empresas expandir sus mercados y aumentar sus beneficios; al hacer lo propio en el tráfico de viajeros amplió radicalmente las posibilidades de relación de los seres humanos. El movimiento de mercancías y personas, desde el limitado ámbito local, se trasladó a nivel regional y luego nacional, revolucionando por completo el marco socioeconómico de la época.


El tráfico de viajeros en el S&DR se llevó a cabo inicialmente con diligencias sobre railes, que se mantuvieron hasta 1834 compartidas con los trenes carboneros
Fuente: The North Eastern Railway, its raise and development. W.W. Tomlinson (1915)


Conclusión

Resumiendo, en un contexto impulsado por los retos y oportunidades ofrecidos por la minería y comercialización del carbón en una región especialmente rica en yacimientos, la construcción de la línea férrea de Stockton a Darlington supuso una ocasión decisiva para constatar la viabilidad del ferrocarril como medio de transporte, no tanto en su dimensión de camino de rodadura guiado, del que existía ya experiencia de décadas en las explotaciones mineras, como en la de utilización en su tracción de máquinas de vapor semovientes, esto es, locomotoras. Su influencia socioeconómica y potencial de rentabilidad lo consolidó rápidamente como objetivo de inversión en una época -la Revolución Industrial- de grandes oportunidades.

Es indudable que se trataba aún de un transporte ferroviario precario en infraestructuras, material rodante y métodos, que había de esperar todavía a que la locomotora (The Rocket, de la factoría Stephenson) recibiera el espaldarazo definitivo (concurso de Rainhill, 1829) de la confianza de los operadores de transporte implicados en la comunicación entre Liverpool y Manchester. Pero es también indudable que para entonces, el camino estaba ya trazado: con la inauguración del Stockton and Darlington Railway, es decir hace hoy justamente dos siglosel ferrocarril entra, y por la puerta grande, en la Historia.

JRSM. 27 de septiembre de 2025.

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Hablando de entelequias: la interminable rehabilitación de la línea Algeciras-Bobadilla


Al igual que en las sobremesas de esas comidas copiosas, por cuya digestión se transita con el entendimiento un tanto abotargado, ocurre -o al menos, me ocurre a mí- tras la lectura de las recargadas declaraciones -cada vez más frecuentes- de responsables de los transportes a la hora de publicitar sus (supuestos) logros gestores y/o sus (habituales) voluntaristas planificaciones. 

Resulta un invariante en ellas el que, con independencia del asunto de detalle que las justifique -en este caso la recurrente modernización del tramo Algeciras a Bobadilla- se aprovecha, además, la ocasión para saturar al respetable con abundantes datos relacionados con otros proyectos diferentes, como por ejemplo -están muy de moda al hablar de trenes- las 'autopistas ferroviarias'. En el modo acostumbrado de proceder, los datos se arropan entre términos -movilización, licitación...- nebulosos, algunos, o de utilización confusa, otros, a los que, eso sí, nunca se asocian indicadores propios de una realimentación de su cumplimiento o eficacia, y, mucho menos, los relacionados con la justificación de los retrasos o de las desviaciones de costes, tan habituales ambos. 

Con ello, se busca, supongo, dar una sensación de intensidad e integración de actuaciones propias de su gestión solvente, proyectando sobre los medios un volumen de información que impida centrar el tiro -estrategia de la nube de humo- a la hora de fijar -y reclamar justificación sobre- los numerosos compromisos incumplidos. En definitiva: atiborra, que algo queda; y sobre todo confusión, esa herramienta tan útil para escurrir el bulto.

La línea Bobadilla-Algeciras discurre por un perfil quebrado, con duras rasantes. El expreso turístico Al-Andalus encara aquí una fuerte rampa a la salida de Ronda hacia Bobadilla

El caso del Corredor Mediterráneo es paradigmático. No hay referencia a actuación en él, por limitada que sea, que no venga acompañada -con bastante mayor dedicación tipográfica relativa, quiero decir- por el detalle de lo mucho que se viene supuestamente realizando desde que, claro, el Gobierno en ejercicio puso manos a la obra. Y dentro de aquél, las vicisitudes de la desventurada línea Algeciras-Bobadilla, repetidamente subrayadas desde hace mucho por activas partes interesadas de la zona, viene ofreciendo numerosas coartadas.

Porque se trata de  una línea históricamente secundaria entre las de la red ferroviaria española, de perfil duro, hilvanado entre abruptas serranías y especialmente en su tramo más meridional (al sur de Ronda), en el que al tiempo que se beneficia de ella para suavizar su trazado, padece la incómoda vecindad del encajado curso del río Guadiaro, que ha venido siendo fuente secular de onerosas perturbaciones. Las posibilidades ofrecidas por el activo puerto algecireño que, aunque predominante en el transbordo naviero, sirve actualmente de ruta de tránsito hacia/desde Africa para más de medio millon de camiones por año (récord 2024, +10% respecto a 2023), han venido generando desde hace tiempo una interesante oportunidad para el ferrocarril como modo alternativo, reforzada poderosamente durante los últimos años en el marco de las estrategias orientadas a la descarbonización del transporte. 

La cercanía del río Guadiaro es fuente de perturbaciones, asociadas con frecuencia a la inestabilidad de laderas tras fuertes lluvias

Esa oportunidad real no ha venido acompasada, sin embargo, por la efectiva y sostenida dedicación a la rehabilitación de su malparada infraestructura y de sus ajadas instalaciones por parte de los gobiernos de variado pelaje durante las últimas dos décadas, y por ello avanza con exasperante lentitud, entre otros motivos por desorientación de decisiones estratégicas tornadizas -construcción de variantes; adaptación a 'altas prestaciones' o incluso llegada de alta velocidad hasta Ronda-, discontinuidad y/o parquedad en la asignación de recursos, o falta de agilidad en la tramitación de procedimientos administrativos. 

A pesar de esa patente desatención práctica, una y otra vez la importancia de este tramo ferroviario en las redes de comunicación transeuropea -ha sido incluido tanto en el Corredor Mediterráneo como Atlántico- se enarbola y pregona a boca llena para justificar una tan supuesta como inexistente atención preferente al mismo.

La infraestructura en la zona de Almargen -no lejos de donde circula el Al-Andalus en esta foto de J.M.Navarro- requiere de importantes obras de estabilización aun pendientes de abordar

En esta ocasión, cuando dentro del marco de una largamente diferida y lenta rehabilitación, aún no han comenzado o se han completado obras esenciales de renovación o refuerzo de infraestructura, adaptación de gálibos, mejora de instalaciones o -mucho menos- de su azarosa electrificación; cuando incluso actuaciones menores como el alargamiento de vías de apartadero adjudicadas hace años (Setenil, Campillos) aún continúan su incierto curso; cuando ni el puerto de Algeciras, limitado en sus instalaciones, ha mejorado significativamente su competencia ferroportuaria; o cuando ni siquiera se dispone aún del proyecto de una terminal consistente con las ilusionadas expectativas que se pregonan para aquél, se anuncia la reciente noticia que atribuye al propio ministro el anticipo de que 'en el horizonte de 2027' -pasado mañana, a los efectos que nos ocupan- se habrá culminado la 'renovación y electrificación integral de la línea'. Yo 'no vengo a hablar de entelequias', remacha el prócer viniéndose arriba, ignorando precisamente las muchas entelequias que en forma de promesas fallidas vienen acompañando durante décadas el azaroso discurrir de la interminable renovación de esta línea.

A pesar de las actuaciones que se iniciaron hace años en las estación de San Roque orientadas a fomentar la intermodalidad relacionada con la actividad del puerto, aún se encuentra pendiente el proyecto de la 'terminal técnica' que mejorará radicalmente -se dice- el desempeño ferroportuario de Algeciras, hoy limitado, entre otros, por el limitado espacio disponible. Sorprende, pues, el que el citado proyecto -asociado con una actuación tan trascendente como compleja- se haya adjudicado solo recientemente

Para ello, y repitiendo un ejercicio habitual de prestidigitación ganadera -tal es mezclar las churras con las merinas- aplicado a la planificación financiera de actuaciones similares, considera 'movilizada' como inversión aquella que se refiere tanto a lo (limitadamente) ejecutado, como a lo licitado (no poco de ello aun largamente sin ejecutar), como a lo 'previsto' licitar (concepto, de suyo, incierto): de ese modo no es difícil atiborrar con números gruesos. Si lo es bastante más -y por ello no se hace- poner en relación lo realmente ejecutado y sus fechas efectivas de disponibilidad con la programación (plazo y coste) prevista inicialmente -y anunciada a bombo y platillo-, dando razón de las desviaciones y anticipando medidas de corrección para próximas actuaciones. Así se recompondría una confianza justificadamente maltrecha desde hace mucho y a la que, declaraciones como las recientes del ministro, pretendiendo hacer creíbles las quimeras, en nada favorecen.

Como tampoco lo hacen recordar -¡qué lejos quedan ya también!- las declaraciones de la anterior Coordinadora del Corredor Mediterráneo en su estéril viaje a Algeciras de 2022. A su lado, el entonces Secretario de Estado de Transportes anticipaba, -como compromiso, ¡quien dijo miedo!-, nada menos que un tráfico de hasta 17 trenes diarios en 2025. Tales trenes no están hoy; ni se les espera, que es peor, en mucho tiempo a la vista de todo lo que queda por hacer, que requerirá, entre otros, muy largos períodos de interrupción del tráfico en ella.

Menos mal que aún quedan reductos de realismo que ayudan a confiar en que no todo está perdido: en lo tocante a la sensatez, a ayudarnos a tener los pies en el suelo, quiero decir. Recientes declaraciones de asesores técnicos de la Comisión Europea -es decir, de personas a las que se supone más cercanas a los aspectos reales que deciden la factibilidad de los cómodos 'compromisos' políticos- ya anticipan que el tramo Algeciras-Bobadilla viaja en el furgón de cola de las prioridades del Corredor Mediterráneo, y retrasan como mínimo un trienio las anunciadas previsiones del ministro. No quiero pensar, entonces, por donde andarán otras como la incierta conexión Antequera-Granada-Almería prevista en ancho internacional, que compatibilizará, se dice, el tráfico de alta velocidad y de mercancías (con origen en Algeciras) hacia la frontera a través del cada vez más complicado panorama ferroviario del levante español.

Dicho de otro modo, y por resumir, nada -más allá de las declaraciones grandilocuentes, cómodas, gratuitas e inocuas a efecto de exigencia de responsabilidad, de quienes se encuentran condicionados por dependencias políticas- permite prever, al menos a medio plazo, la disponibilidad de una rehabilitada línea Algeciras-Bobadilla en el marco de mejora de su desempeño tan largamente esperado, y, por descontado, tampoco en el requerido para poner en marcha los servicios de autopista ferroviaria hacia Madrid y Zaragoza, que además dependen de un extenso acondicionamiento de líneas hacia el norte de Bobadilla, aún por abordar. 

Bueno sería, pienso yo, reconocerlo cuanto antes por todas las partes interesadas y no perseverar en un estéril disimulo ante la tozuda realidad; en ese caso sería quizás más fácil -y fecundo- encarar su futuro con realismo. Continuar instalados en la ficción no ayudará sino a alejar aun más, y más definitivamente, a los clientes del ferrocarril de mercancías convirtiendo el recurrente objetivo de su recuperación en otra quimera -entelequia, en el decir del ministro- más.


Referéndum tranviario: democracia directa en Vélez-Málaga

 



Parada término de Torre del Mar (Málaga). El tranvía (de CAF) durante su breve etapa operativa.
Foto: Enrique Andrés. Fuente: https://www.spanishrailway.com/tranvia-de-velez-malaga/ 

https://cadenaser.com/andalucia/2024/05/16/velez-malaga-hara-una-consulta-ciudadana-sobre-el-futuro-del-tranvia-ser-malaga/

Da la sensación de que el objetivo a la hora de acometer infraestructuras de transporte ferroviario en España sea con frecuencia no tanto resolver un déficit de accesibilidad de la mejor manera que análisis rigurosos -previos- establezcan, sino el de llevar a cabo contra viento y marea una solución predeterminada antes de -o a pesar de- cualquier estimación de sus efectos socioeconómicos o, simplemente, de su mera viabilidad financiera.

Torre del Mar (Málaga).
Foto: Enrique Andrés. Fuente: https://www.spanishrailway.com/tranvia-de-velez-malaga/ 


 Es decir, se trata -porque ello acomoda al interés partidista- de encajar con calzador soluciones ferroviarias con independencia de que sea o no la solución de movilidad idónea, en un contexto de optimismo planificador -especialmente en lo relativo a tráfico y plazos- y que, por descontado, no repara en costes, entre ellos, los de oportunidad. Tal es el caso de la extensión de la alta velocidad a ciertos destinos o, yendo al ámbito urbano, de algunos de los tranvías recientemente instalados en España. El de Vélez-Málaga a Torre del Mar, en el oriente costero malagueño, es uno (no el único, por cierto) de los que ofrece un panorama especialmente lamentable.

Sydney (Australia). El desocupado tranvía de Vélez-Málaga durante su breve alquiler (2014) a la red de la ciudad australiana.
Foto: Henk Graalman. Fuente: Flickr


Tras dos decadas de azaroso discurrir de un proyecto reputado como impulsor pionero de la reintroducción del tranvía en Andalucía, y en el que se invirtieron más de cuarenta millones de euros; tras su operación ruinosa durante un lustro escaso; tras una docena de años de suspensión -incluyendo un pintoresco breve alquiler de los tranvías a Sydney, nada menos- y varios intentos fallidos de rehabilitación, ahora, cuando las esperadas ayudas no llegan y el desequilibrio entre costes y recursos disponibles para su rehabilitacion y operación se hace dramáticamente explícito, resulta que serán -parece- los ciudadanos los que decidan sobre el futuro de este fracasado tranvía.

Su uso como aparcamiento o la invasión por la maleza atestiguan la incuria en que, desde hace años, han quedado sumidas las instalaciones tranviarias.
Foto: JRS y periódico La Opinión de Málaga https://www.malagahoy.es/velez-malaga/Velez-Malaga-pliegos-obras-recuperacion-infraestructuras-tranvia_0_1678934096.html


Referendum tranviario a la vista en Vélez-Málaga: la decisión, al pueblo llano; los responsables del fiasco, mientras, de perfil. Democracia directa en inminente ejercicio, pues, -quizás con carácter pionero en España- para dictaminar sobre la procedencia de actuaciones significativas en materia ferroviaria. Más o menos lo que vienen haciendo los suizos desde hace mucho a la hora de decidir sobre sus grandes infraestructuras ferroviarias. Vamos progresando, diría alguien.

Mercancías: de la desafección al tren y (algunas de) sus razones

Brujulear por las reseñas de ciertos encuentros sectoriales, cada vez más habituales, ofrece la valiosa oportunidad de atisbar -con frecuencia entre su letra pequeña- algunas de las causas donde enraizan problemas generales; problemas ferroviarios, quiero decir.  https://elmercantil.com/2024/04/18/las-obras-en-la-red-ferroviaria-mantienen-la-desafeccion-del-negocio-con-el-ferrocarril/

En un ambiente de amplia alineación aparente, -cómodamente formal- en los intereses de los intervinientes, sobrenada como inquietante conclusión de este reciente encuentro entre operadores, cargadores y Administración el que cuando aún no se ha consolidado siquiera la afección, se avecina una creciente y amplia desafección hacia el tren entre actores clave de importantes sectores logísticos. 

En el marco de su estrategia de descarbonización, Amazon está progresivamente incrementando en Europa la participación del ferrocarril en sus cadenas logísticas. En la foto, contenedores de Amazon en tránsito entre Alemania e Italia. 
(Foto Ref: https://railmarket.com/news/freight-rail/11621-an-increased-use-of-railways-in-europe-by-amazon)

La discusión sobre sus causas viene a reflejar que tal desafección está en buena medida motivada nada menos que por la escasa sintonía del servicio recibido del ferrocarril en relación con las necesidades de empresas tan decisivas para el devenir diario como las de gran consumo. Algo habrá que cambiar, pues;...si es que, ay, se llega aún a tiempo.

La alta competencia del ferrocarril norteamericano viene sirviendo eficientemente a las necesidades logísticas relacionadas con  la distribución de productos de gran consumo en el marco geográfico y socioeconómico de los Estados Unidos 
(Foto: 
https://www.railwayage.com/news/up-new-phoenix-terminal-to-open-in-2024/)

Pero contribuye (a la desafección) también, se dice, el previsible (gran) impacto negativo en las operaciones de esa avalancha de actuaciones de adecuación que, en la carrera contra el crono que rige el nutritivo apoyo de los fondos NextGeneration, Adif asegura va a llevar a cabo -tras muchos de inacción; de falta de compromiso en prioridades; de dispersión de recursos al albur de la conveniencia política partidista- ...¡en los próximos dos años!. 

Al respecto, al mismo tiempo y sin aparente temblor de voz,  (Adif) pide paciencia para encajar sus onerosas interferencias. ¿Más?. No, no es paciencia lo que se requiere para confiar en una atropellada planificación de obras, intensas y extensas, inviable en ese plazo; es una ingenuidad incompatible con la consistente constatación de promesas incumplidas, cortinas de humo coyunturales, que jalonan el discurrir de la historia ferroviaria española durante las últimas décadas, y una de cuyas consecuencias actuales más patentes es la insignificancia ferroviaria en el tráfico de mercancías en nuestro país, que mantiene una inquietante deriva hacia un horizonte de incierta recuperación.

En febrero, solo con observar lo descompuesto del icónico entorno ferroviario de Os Peares, ya podría anticiparse un nuevo retraso en la disponibilidad -prevista, tras varios otros retrasos, para abril- del tramo Orense-Monforte, en obras desde finales de 2022. Uno más de los muchos ejemplos de planificaciones incumplidas de obras ferroviarias, cuya consistente repetición mina justamente la confianza en los anuncios de plazos aplicables a nuevos proyectos
 (Foto:Tito Barcelona. Ref. https://www.facebook.com/groups/196085954059357/permalink/2082517092082891/)


Promesas incumplidas, decía, cuya reclamación de responsabilidades se deriva, como siempre, hacia el maestro armero. Por ello, en fin, sorprende en estos foros la aparente falta de voces críticas especializadas que subrayen lo inverosímil de ciertos anuncios; tal vez así se limitaría ese tan frecuente como desahogado ejercicio -barra libre en bucle abierto- del 'puedo-prometer-y-prometo' en su versión ferroviaria.


Los retorcidos rieles de la Raya

 Un breve paseo a pie de andén, o, incluso mejor, una ojeada a vista de pájaro, son suficientes para hacerse en directo una idea de la consistencia actual de los enlaces ferroviarios internacionales entre España y Portugal atravesando la única frontera ferroviaria hoy activa  en el tramo extremeño de la histórica Raya ibérica. 

Automotor Allan de la serie 0350 asignado al servicio Entroncamento-Badajoz

 En la foto, su protagonista. Camuflado bajo una estética remozada que disimula un tanto los casi setenta años acumulados durante su larga briega, con un motor diesel principal renovado hace cuatro décadas y aun conservando su transmisión eléctrica original, no se puede negar a estos añejos automotores una brillante, -extensa e intensa- hoja de servicios.

Los Allan pertenecen a una de las muchas series de versátiles automotores monocaja que pueblan la historia de la dieselización ferroviaria


Fabricados por el suministrador holandés Allan, y entregados (1954) a  los Ferrocarriles Portugueses (CP) en el marco de las ayudas del Plan Marshall, desempeñaron su oficio con solvencia durante décadas en servicios variados por la red lusa, haciendo gala de un brío muy por encima de las expectativas ofrecidas por su limitada potencia (343 CV en llanta). Por ese motivo, buena parte de la serie original fue rehabilitada a comienzos del corriente siglo con el fin de extender su vida útil ofreciendo mejores prestaciones.

Automotor Allan antes de su transformación


Prestaciones, en todo caso, modestas. Su velocidad máxima (100 km/h), en un servicio punteado de paradas (16) entre Entroncamento y Badajoz (170 kms), proporciona un tiempo de viaje entre ambas ciudades muy poco convincente -no poco disuasorio-, que supera ampliamente las dos horas y media.

Horarios Entroncamento-Badajoz (web C.P.)
https://www.cp.pt/StaticFiles/horarios/regional/comboios-regionais-linha-leste-badajoz.pdf 



En todo caso, hoy por hoy, los dos servicios diarios de este pintoresco automotor conforman la única posibilidad de comunicacion ferroviaria entre las dos capitales ibéricas a través de Extremadura. La tan largamente anunciada alta velocidad -a la que se viene encomendando desde antiguo su mejora- queda aún lejos. Y avanza despacio. En el lado español lastrada, entre otros y aparte el ritmo de su premiosa tramitación, por onerosos bloqueos -decisiones pendientes- en algunos de los tramos castellano-manchegos. Y en el portugués, donde el tramo Évora-Elvas acumula ya un retraso superior al lustro, amenazada por las prioridades de inversión que se focalizan en el eje medular Lisboa-Oporto.

Al animoso automotor Allan le quedan aún, por lo que se ve, muchas oportunidades de protagonismo en el cruce ferroviario de la Raya. Oportunidades abiertas, por supuesto, a todos los viajeros que quieran compartirlas: con paciencia, con mucha paciencia, en todo caso.

JRSM.Agosto 2023

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