Brujulear por las reseñas de ciertos encuentros sectoriales, cada vez más habituales, ofrece la valiosa oportunidad de atisbar -con frecuencia entre su letra pequeña- algunas de las causas donde enraizan problemas generales; problemas ferroviarios, quiero decir. https://elmercantil.com/2024/04/18/las-obras-en-la-red-ferroviaria-mantienen-la-desafeccion-del-negocio-con-el-ferrocarril/
La circulación a través de los desvíos que, tomados de punta, apartan al tren de un itinerario principal hacia una vía secundaria constituye siempre un momento trascendente de su marcha. Es por ello que deben rebasarse a velocidad reducida y con especial atención a las señales que los anteceden y siguen.
Mercancías: de la desafección al tren y (algunas de) sus razones
Los retorcidos rieles de la Raya
Un breve paseo a pie de andén, o, incluso mejor, una ojeada a vista de pájaro, son suficientes para hacerse en directo una idea de la consistencia actual de los enlaces ferroviarios internacionales entre España y Portugal atravesando la única frontera ferroviaria hoy activa en el tramo extremeño de la histórica Raya ibérica.
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| Automotor Allan de la serie 0350 asignado al servicio Entroncamento-Badajoz |
En la foto, su protagonista. Camuflado bajo una estética remozada que disimula un tanto los casi setenta años acumulados durante su larga briega, con un motor diesel principal renovado hace cuatro décadas y aun conservando su transmisión eléctrica original, no se puede negar a estos añejos automotores una brillante, -extensa e intensa- hoja de servicios.
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| Los Allan pertenecen a una de las muchas series de versátiles automotores monocaja que pueblan la historia de la dieselización ferroviaria |
Fabricados por el suministrador holandés Allan, y entregados (1954) a los Ferrocarriles Portugueses (CP) en el marco de las ayudas del Plan Marshall, desempeñaron su oficio con solvencia durante décadas en servicios variados por la red lusa, haciendo gala de un brío muy por encima de las expectativas ofrecidas por su limitada potencia (343 CV en llanta). Por ese motivo, buena parte de la serie original fue rehabilitada a comienzos del corriente siglo con el fin de extender su vida útil ofreciendo mejores prestaciones.
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| Automotor Allan antes de su transformación |
Prestaciones, en todo caso, modestas. Su velocidad máxima (100 km/h), en un servicio punteado de paradas (16) entre Entroncamento y Badajoz (170 kms), proporciona un tiempo de viaje entre ambas ciudades muy poco convincente -no poco disuasorio-, que supera ampliamente las dos horas y media.
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| Horarios Entroncamento-Badajoz (web C.P.) https://www.cp.pt/StaticFiles/horarios/regional/comboios-regionais-linha-leste-badajoz.pdf |
En todo caso, hoy por hoy, los dos servicios diarios de este pintoresco automotor conforman la única posibilidad de comunicacion ferroviaria entre las dos capitales ibéricas a través de Extremadura. La tan largamente anunciada alta velocidad -a la que se viene encomendando desde antiguo su mejora- queda aún lejos. Y avanza despacio. En el lado español lastrada, entre otros y aparte el ritmo de su premiosa tramitación, por onerosos bloqueos -decisiones pendientes- en algunos de los tramos castellano-manchegos. Y en el portugués, donde el tramo Évora-Elvas acumula ya un retraso superior al lustro, amenazada por las prioridades de inversión que se focalizan en el eje medular Lisboa-Oporto.
Al animoso automotor Allan le quedan aún, por lo que se ve, muchas oportunidades de protagonismo en el cruce ferroviario de la Raya. Oportunidades abiertas, por supuesto, a todos los viajeros que quieran compartirlas: con paciencia, con mucha paciencia, en todo caso.
JRSM.Agosto 2023
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Pasatiempos de invierno: el tren no es -todavía- la diferencia
La helada, afuera, no anima mucho a andar al aire libre. Esta calma chicha anticiclónica que nos envuelve desde hace semanas obliga a ingeniarse algún entretenimiento bajo techado para pasar las largas noches de enero. Un entretenimiento a la vez simple y divertido -se me ocurre- como el de encontrar las diferencias entre dos imágenes muy similares. Un clásico.
Veamos. Unas fotos - de trenes- pueden ayudar. Las que siguen, del automotor procedente de Bilbao con destino León, están tomadas, con un lustro de diferencia más o menos, en el mismo lugar, Sotoscueva, un rincón de esa comarca tan hermosa, interesante, apartada -y quizás por ello tan desconocida- como las Merindades, en el piedemonte burgalés de la Cordillera Cantábrica.
| Sotoscueva (Burgos). El automotor Bilbao-León marca su parada reglamentaria. El paso de un lustro invita a descubrir las diferencias entre ambas fotos. (Autor: JRS) |
Se trata, pues, de encontrar las diferencias entre las dos, la de la derecha, por cierto, tomada recientemente. Vayamos a ello: la
nieve, ahora ausente; el cielo, antes gris; lo descolorido del lateral del edificio; el número y
decoración del automotor; la hora en el reloj (el tren circulaba con
retraso)…
En efecto, todas ellas son diferencias constatables entre ambas. Pero hay también, al menos, una más. La fundamental. Y la marca una única letra: aquella ‘C’ del cartelón junto a la marquesina.
| La amputación del desvío de unión con la vía general degrada radicalmente la funcionalidad de la antigua estación (Foto: JRS. Años 2014 y 2022) |
Porque, en efecto, Sotoscueva ha sido degradada a la condición de mero apeadero. Por la fuerza de los hechos consumados: la eliminación de los desvíos extremos de las dos vías de apartado que servían de unión con la general han capado radicalmente la utilidad de la antigua estación, reduciendo al mismo tiempo la ya muy limitada operatividad de la línea, alargando la longitud del cantón hasta los 20 kms. existentes entre Pedrosa y Espinosa de los Monteros, las -todavía- estaciones colaterales.
| La circulación de trenes de mercancías ha quedado reducida, desde hace tiempo, a un mero recuerdo. (Foto: Tren arenero. Mayo 2014. Autor: JRS) |
La contemplación in situ de esa amputación me trae a la memoria -ahora que está tan de moda hablar de ella- el recuerdo de la España vacía: o sea, de ésta misma. Y no puedo evitar pensar que la degradación -y eventual pérdida, en su caso- de infraestructuras competentes ha sido secularmente uno de los motores de su despoblación...y sigue siendo un potente factor disuasorio de su repoblación: dificilmente un emprendedor se asentará en un territorio cuyas infraestructuras, entre otros, no se hallen al nivel requerido por la eficiente agilidad requerida por los complejos flujos logísticos que sostienen hoy las operaciones de las empresas.
Habida cuenta de la hábil experiencia histórica española en hacer desaparecer irreversiblemente -es decir, sin concesiones a su recuperacion futura, pero con frecuencia bajo esa amable forma de 'vía verde', un habitual placebo de la opinion publica-, muchas de las oportunidades del ferrocarril, tiemblo cuando percibo, como es el caso, señales patentes de declive en el desempeño de una infraestructura ferroviaria.
| Los despojos resultantes de las vías amputados contemplan el paso del solitario tren camino a León (Sotoscueva, enero 2022. Foto: JRS) |
Me resulta inevitable interpretar este deterioro funcional como un paso más. Un paso más, digo, en la preparación del progresivo desmantelamiento de una línea férrea icónica -el ferrocarril de la Robla- cuyo futuro en una amplia parte de su recorrido, con un tráfico regular meramente testimonial -solo este tren y su inverso cada día- pende desde hace tiempo de un sutil hilo: conocer los costes de cada unidad de tráfico transportada pondría a cualquiera, desde luego, los pelos de punta.
Pero aún así, la pregunta surge inevitable: en el marco de una estrategia a largo plazo de recuperación de vitalidad socioeconómica en esa extensa España vacía, como actualmente se propugna, ¿tiene sentido condenar a la desaparición a una línea que enhebra -en un bellísimo trazado, por cierto- trescientos kilómetros de territorio del norte español entre León y Bilbao?¿Tiene sentido -dicho de otro modo- seguir sosteniendo su alto coste a cambio de utilidades que tienden a cero?.- La 'vía estrecha' -desde Japón a Sudáfrica, pasando por Suiza y Nueva Zelanda, entre otros-, viene dando en la historia del ferrocarril muestras variadas de su solvencia a la hora de encarar retos de transporte; el ancho de vía, pues, no es necesariamente una limitación insuperable a su desempeño. Sí lo es, más a menudo, la falta de oportunidades con sentido social y económico a las que el ferrocarril pueda dar servicio. Y la creación de ese contexto, -la promoción de esas oportunidades, digo-, eso sí que no depende del ferrocarril; aunque, por descontado, condiciona radicalmente sus posibilidades de futuro.
| La aguada seca; los desvíos cercenados; el tren ¿hasta cuándo? (Sotoscueva, enero 2022. Foto JRS) |
Ya lo dije arriba: las noches de invierno son largas. Invitan a la reflexión; a hacerse preguntas turbadoras, incluso ante menester tan sosegado como encontrar las diferencias entre dos fotos parecidas. Las inquietudes afloran, en fin; justificadas o no, el tiempo lo dirá. En todo caso, cada vez que veo marchar este trenecito estiloso y corretón haciendo sonar pródigamente su ronca bocina por los despoblados,- como si con ello quisiera invitar a compartir su viaje solitario-, tengo la sensación de contemplar un fósil viviente, un testigo de otros tiempos. Una imagen fugaz, efímera, que, aunque se mueve -no demasiado rápido, desde luego-, sigue saliendo en la foto. Por ahora.
El Metro: un agujero negro en el subsuelo malagueño
Leer una noticia actual mientras se mira por el rabillo del ojo a la hemeroteca tiene sus riesgos. Señaladamente el de pasmo, siempre de azarosa etiología. Un ejemplo, hacer lo propio con la que pregona este reciente (13 de enero) titular de prensa: ‘Viajar en el Metro de Málaga por 0,66 euros: el privilegio que tendrán los jóvenes de menos de 30 años’ (sic). En resumen, la Junta de Andalucía activa en enero una tarjeta personalizada del Consorcio de Transportes que otorga bonificaciones especiales a este grupo de población; con la entrada en vigor de la reducción el billete pasará a costarles ‘del orden de 0,66 €’. Hasta aquí -piensa uno con candidez-, genial: la Junta promueve con una política tarifaria especial el uso del transporte público -ferrocarril urbano, concretamente- por los jóvenes. ¡Guay del Paraguay!: ¡Qué buenos son los señores (y señoras) gobernantes! / ¡Qué buenos son, que los llevan de excursión! (…a los jóvenes, en metro y con descuento). Ya digo, de cine.
Pero, ¡ay!, la maldita hemeroteca, implacable y siempre agazapada para intentar agüarnos la fiesta, nos hace aterrizar pronto en la cruda realidad, de la que el mismo periódico, por cierto, nos prevenía ya en otro titular anterior (31 de julio pasado): ‘Este es el coste (real) de un viaje en el Metro de Málaga: 13,5 euros’ (sic). Y explica: entre 2014 y 2021, las aportaciones de la Junta (500 millones de euros) dividida por los viajes realizados en ese período (37,1 millones) dan como resultado un coste medio de 13,5 € por viaje…, lejos, muy lejos, -a casi una docena de euros- de los 0,66 € previstos como importe del billete en la macanuda reducción antes referida, y a no mucho menos de los 0,82 € que ha resultado ser la contribución media por viaje de cada usuario en el período indicado.
Ya puestos, resulta ilustrativo conocer cómo surge este notorio
desfase entre ingresos y costes del servicio. O dicho de otro modo, qué
sumandos llevan a aquel -sorprendentemente alto- coste medio
por viaje. Tranquilos. En el mismo artículo se aclara. Por un lado, lo que paga
cada viajero debe ser compensado, en un primer nivel, hasta llegar a lo que se
conoce como ‘tarifa técnica’ -coste real operativo del transporte- que, en este
caso, se
sitúa alrededor de los 4 €/viaje , es decir nada menos que un 400% superior a la
percepción media por viajero. Pero es que, además -¡atención, aquí la
importancia de una atinada previsión antes de fijar compromisos!- la Junta tiene -por contrato- que compensar a la concesionaria por la falta de ingresos que
suponen todos los pasajeros que el Metro está dejando de transportar debido al sostenido
retraso en su construcción y llegada al centro. Esta compensación es, hoy
por hoy la responsable de ¡más del 70% de lo que cuesta cada viaje!, hasta
totalizar los 13,5 € antes referidos.
Sigamos con los números. Un sistema de transporte como el construido en Málaga, tipo metro -por su mayoritario porcentaje de recorrido soterrado-, tiene, según los especialistas, su ámbito de utilización adecuado con un tráfico superior a 150.000 viajeros/día.[1] En las informaciones publicadas se establece en 20,7 millones viajeros/año (=56.700 viajeros/día) el tráfico necesario para asegurar la estabilidad financiera del proyecto; pues bien, incluso con ese relativamente bajo objetivo de viajeros, en el último ejercicio pre-pandemia (2019) quedó por debajo de siete millones (<19.200 viaj./día), a casi un 34% del objetivo.
Nuestro gozo pues, otra vez, en un pozo. Profundo. Tanto
como lo es el nivel del subsuelo por el que discurre una obra faraónica, otro
ejemplo -nada raro en nuestro país- del uso ineficiente de los recursos
públicos, malbaratados en un sacrificio estéril movido por los intereses
políticos -de predominio de los de partido, quiero decir- y no por los de la
prioritaria utilidad de los ciudadanos.
Y es que, por simplificar, en lo tocante a desafueros, el llamado Metro -en sus versiones malagueña y sevillana, entre otras- es a la movilidad urbana lo que la alta velocidad es a la interurbana. Los altos costes de construcción, mantenimiento y operativos de estas cualificadas infraestructuras ferroviarias solo se justifican allí donde su alta capacidad se compadece con una elevada demanda efectiva.
Alternativas, como la optimización de la red de autobuses, o, más dudosamente, el recurso localizado, -en algún eje concreto, con muy alto
volumen de viajeros, susceptible de encajar su implantación en plataforma
reservada-, al tranvía/metro ligero hubiese representado una solución mucho más
razonable a las necesidades de movilidad de Málaga, y por supuesto menos costosa: habida cuenta de aquéllos a los que ya ha escalado la
construcción, los especialistas [2]
estiman en no menos de 80.000 viajeros/día (es decir, cuatro veces el máximo
alcanzado hasta ahora) los necesarios para considerar adecuada la inversión
realizada. No sería ocioso recordar al respecto que[3]
la requerida por un metro soterrado puede representar más del doble que la de
un metro ligero y casi diez veces la necesaria por una línea de autobuses de
altas prestaciones, que es capaz, por su parte de encarar con solvencia
demandas diarias de entre 15.000 y 30.000 viajeros/día [4].
| Los sistemas tranviarios en plataforma compartida -asociados con frecuencia a la peatonalizacion de amplias zonas urbanas- o de metro ligero |
En fin, y por si no hubiera quedado claro hasta aquí, me temo que Málaga lamente largamente disponer de Metro. El que se construye no es sino una incomprensible desmesura, fruto de la pugna entre las administraciones autonómica y municipal -en tiempos de su oposición política- por hacer prevalecer su criterio más allá de la pertinencia de otras alternativas, y cuyo retraso, desorbitado coste de construcción -que ya duplica lo inicialmente presupuestado-, errónea previsión de tráfico -con su oneroso corolario de compromisos contractuales de compensación al operador-, y temeraria extensión -en su caso y suponiendo continuidad de signo político en el gobierno de la Junta- van a suponer un penoso lastre durante décadas, haciendo de él un insaciable agujero negro -de recursos públicos- que, inevitablemente, habrán de detraerse de otros servicios. No se olvide que, tras la construcción aún incompleta de una red de metro que ni procede ni es necesaria para Málaga, la evaluación de siete años de su operación permite concluir -permítaseme la aceptable caricatura- que si a cada usuario habido se le hubiese pagado el coste de su desplazamiento ¡en taxi! para hacer el mismo recorrido, se habría ahorrado dinero público, sí, de ése que es aportado al fin por todos los ciudadanos, usen o no el Metro. Así como suena.
Por todo ello, y volviendo al comienzo, la reducción de tarifa promovida por la Junta debe ser correctamente interpretada en un preocupante contexto de dramático realismo, no de ingenuo entusiasmo. Porque con frecuencia estas grandes obras de infraestructura suscitan en la opinión pública un amplio apoyo movido, por un lado, por criterios de oportunidad política, ajenos a la pertinencia de una determinada inversión frente a sus alternativas, y por ello no siempre libre de ribetes demagógicos; y, por otro, por el propio efecto deslumbrador de una vistosa tecnología.
No me resulta fácil -al Tribunal de Cuentas tampoco- hallar razones de rentabilidad social para la existencia del tranvía veleño, de tan efímera como azarosa vida (incluído el recorrido transoceánico, a Sydney, nada menos, del material rodante). Actualmente su trazado sirve de cómodo aparcamiento para los habitantes de Vélez-Málaga. Al fin y al cabo 'solo' vino a costar 42 millones de euros, poco más del doble de lo presupuestado. (Fotos: Trazado del tranvía de Vélez-Málaga, año 2020. Autor: JRS) |
En definitiva, y tal como señala el Manual de Evaluación Económica de Proyectos de Transporte (Rus et al., 2009) -cit. en Ref. [5]-, 'para obtener el máximo de beneficio social de la inversión en infraestructuras no basta con acometer proyectos que sean atractivos y viables, ni siquiera es suficiente que su rentabilidad social sea positiva. Una inversión en infraestructuras con fondos públicos limitados exige elegir los mejores proyectos entre los buenos, y una vez aprobados, que su construcción, mantenimiento y operación se realicen en el marco de contratos diseñados para asegurar que los usuarios y contribuyentes no paguen más de lo estrictamente necesario'. [6]
Es importante no perder de vista que implantar, con el calzador de la oportunidad política partidista, soluciones de transporte ferroviario fuera de su ámbito idóneo de aplicación y existiendo alternativas más convenientes, supone inevitablemente -los recursos son limitados- privar a la sociedad de otras inversiones de mayor utilidad, entre otras -quizás- de la propia presencia del ferrocarril allí donde realmente sí puede contribuir al desarrollo o a la mejora de condiciones socioeconómicas de la comunidad. Para que ello no ocurra hace falta, entre otros, una mayor prudente responsabilidad y atención al interés común en los gobernantes, y un criterio mejor formado, capaz de ser aplicado con convicción por los gobernados como antídoto contra embaucamientos. Algo en suma, hoy por hoy, nada sencillo.
| Metro de Málaga. Tramo en superficie (Universidad) (Foto: JRS) |
Referencias:
[1]
G.Carmona. Tranvías y otros sistemas de transporte urbano. Carril Bus. Informe
Especial. Febrero 2015.
[2] Agencia
de la Obra Publica de la Junta de Andalucía. Herramienta para la evaluación
previa de infraestructuras de transporte público. Entregable E 6. Octubre de
2015. p.83
[3] Agencia
de la Obra Publica de la Junta de Andalucía. Herramienta para la evaluación
previa de infraestructuras de transporte público. Entregable E 6. Octubre de
2015. p.72
[4] G.Carmona.
Tranvías y otros sistemas de transporte urbano. Carril Bus. Informe Especial.
Febrero 2015. p.27
[5] Agencia de la Obra Publica de la Junta de Andalucía. Herramienta para la evaluación previa de infraestructuras de transporte público. Entregable E 6. Octubre de 2015. p.18
[6] G. de Rus et al. Evaluación Económica de Proyectos y Políticas de Transporte: Metodología y Aplicaciones. Universidad de las Palmas de Gran Canaria. Fedea. Septiembre de 2020.
Feísmo y ferrocarril: transbordo en Os Peares
Os Peares, entrambasaguas gallega
Si alguien, por un casual, desconoce -o estuviera interesado en ahondar
en- ese fenómeno que se ha dado en llamar el ‘feísmo’ gallego, debería sin duda
venir por aquí, por Os Peares. Desde luego, en tren.
Os Peares -los pilares, en gallego- es, sin duda, un sitio peculiar. Poliédrico. Con unos pocos centenares de habitantes, y administrativamente repartido entre dos provincias -Orense y Lugo- y cuatro ayuntamientos, su historia, sus tradiciones -incluso su patrona, la Virgen del Pilar-, están en gran medida articuladas alrededor de los pilares de sus puentes -de ahí su nombre-, convertidos en potente símbolo identitario gracias a su servicio secular como facilitadores de la comunicación de los vecinos.
Vértice occidental de la fascinante Ribeira Sacra, Os Peares es, sobre
todo un lugar de encuentro, una encrucijada social y física, crucero por
excelencia de las aguas interiores gallegas. Aquí, en unos pocos metros, el
Miño recibe por la derecha al modesto Búbal y por la izquierda -nada menos- al
Sil, despachando así la secular competencia de éste por el protagonismo como
río principal gallego. Y es que, desde luego, si fuera al revés, es decir, el
Miño afluente del Sil, nadie se extrañaría: más bien al contrario.
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| El trazado ferroviario, de robusta estructuración visual, reforzado además por la presencia del puente, contrasta con el entorno urbano disperso y desestructurado de Os Peares. Foto: Arrasan |
En el paisaje de Os Peares -que sin mucha imaginación bien pudiera figurársenos como una especie de Mesopotamia a la gallega, otra de tantas Entrambasaguas de la toponimia española-, los puentes son, pues, actores destacados. Pero con protagonismo diverso: no he dicho aún -voy a hacerlo en un momento- que de los cinco puentes existentes en el lugar, -entre los que incluyo el aparatoso viaducto viario de la N 120, que apuntilla lo que de recoleto pudiera tener el encuadre desde algunas perspectivas- el más representativo, sin duda, es el del ferrocarril.
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| A partir de Os Peares, los trenes encaran el tramo occidental del cañón del Sil a marcha moderada, por un trazado bello pero tortuoso ceñido al río. Foto: JRS |
El ferrocarril en el feísmo gallego
Son los de Os Peares puentes que, en todo caso, conectan entre sí -o con otros- un modesto caserío, deslavazado, disperso, en el que conviven construcciones convencionales con otras fruto de un urbanismo caótico o inacabadas, junto a ruinas patentes. Un caserío, en suma, con mucho de los atributos de ese peculiar ‘ísmo’, conocido informalmente desde 2001 como ‘feísmo’ [1]y que más allá de consideraciones meramente estéticas, -las más patentes a la vista-, refleja una actitud relativamente extendida en Galicia de ‘maltrato al paisaje’ tanto rural como urbano, de complejas raíces socioeconómicas[2] y objeto de interés creciente, sobre todo, para especialistas en urbanismo y arquitectura.
Consciente de esta situación, el Consorcio de Turismo Ribeira Sacra llevó a cabo a partir de 2015[3] unas interesantes actuaciones de ‘muralización del feísmo’ en espacios degradados. Su objetivo era [4] ‘contribuir con ello a la recuperación de lugares abandonados, dotándolos de belleza y dimensión artística, con creaciones que además hiciesen referencia a elementos identitarios de la zona’.
De la treintena realizada, nueve de esos murales se hallan en Os Peares, y especialmente uno, me merece una atención especial. Muy cerca de la estación, el titulado ‘A anduriña asolagada emigra, primavera galega non tardes en chegar’ (=La golondrina ahogada, emigra; primavera gallega no tardes en llegar), obra de Miguel Peralta, muestra una interesante vinculación simbólica: se utiliza, junto a otros símbolos de potente raigambre local -puente, agua- la imagen de la golondrina, animal migrador por excelencia, y la de una inconfundible locomotora de vapor ‘mikado’ para subrayar el papel que la estación de Os Peares tuvo en la canalización ferroviaria de la intensa emigración de la comarca, bien hacia Vigo, rumbo a América, bien hacia Monforte, rumbo a otros destinos nacionales (Cataluña, País Vasco).
En Os Peares, pues, y más allá del indudable valor icónico del puente de hierro situado en un entorno paisajístico singular, el tren se manifiesta, en un contexto de regeneración contra el feísmo, como ingrediente explícito de su consolidación identitaria. Os Peares, en fin, una nueva y original muestra de incardinación cultural del ferrocarril en la historia y las tradiciones de un territorio.
[1]
Palomares López, A. Feísmo, lecciones de arquitectura y reciclaje. TFM.
U.P.Valencia
[3] Turismo
Ribeira Sacra: https://turismo.ribeirasacra.org/es/un-toque-de-color-en-ribeira-sacra
[4] Pérez
Pena, M. Praza, 30 mayo 2017. 36 murais unen o pasado e o futuro da Ribeira Sacra.
https://praza.gal/cultura/36-murais-unen-o-pasado-e-o-futuro-da-ribeira-sacra

















